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Pero además, de gaitero,el Ti Francisco era artesano, habiéndo realizado en su taller más de cien gaitas. Sus maderas preferidas eran el boj y la urz. Empezó vendiéndolas por cinco duros, vendiendo las últimas que fabricó por hasta seiscientos euros.


Su pasión por la música la ha heredado su hijo Lorenzo, que se ha decantado por la Dulzaina, y que no olvida una de las frases de su padre: “ Un pueblo donde no hay niños por las calles, ni gaitero, está muerto”.

El Ti Francisco en su casa de Val de Santa María. Foto de “El Noroeste”

Desde entonces, el Ti Francisco llevó la gaita por Rionegro, Valleluengo, Mombuey, Cional, Villardeciervos...Iba a tocar todos los lunes a Mombuey, tocaba en fiestas, bodas (cobraba dos duros por los dos días de la boda –la víspera y la boda– hace ya setenta años), e incluso el acompañamiento de autoridades y fiestas religiosas.

Sin ninguna duda, el Tí Francisco ha sido el último de los “viejos gaiteros”, pues pertenece a la generación irrepetible de gaiteros de mediados del siglo XX, habiendo fallecido en abril de 2.011 a los 99 años de edad. El Tí Francisco ha sido historia viva de la gaita sanabresa. Nació en 1912 en Villanueva de Valrojo, criándose como pastor de ovejas. Con 10 años marcha a Santa Eulalia de Tábara, para aprender el oficio de herrero, como su padre. Tras varios años, regresa a Villanueva de Valrojo para encargarse junto a su hermano de la fragua familiar. Después de una temporada entra a trabajar en el ferrocarril, y allí conoce a Melquíades, joven gaitero que toca con una gaita alquilada (cobrando el propietario). Francisco le dice que en su pueblo había un señor con dos gaitas, y que si quería le compraba una, a lo que Melquíades accede. Así que Francisco regresa a Villanueva de Valrojo, compra la gaita por cinco duros, y cuando regresa se encuentra con que Melquíades ha muerto de un cólico (apendicitis). Así que de repente se encuentra Francisco con una gaita... ¿y qué iba a hacer? Pues aprender a tocar, escuchando “...a un gaitero de Otero de Bodas, el Ti Felipe, que era muy bueno en toda la demarcación.


 Francisco Baladrón. Tí Francisco de Val de Santamaría