Los gaiteros de Sanabria I

A continuación, hacemos referencia a la vida e historia de algunos de estos gaiteros sanabreses, con el fin de sus nombres no caigan en el olvido. Destacamos a unos cuantos sobre la mayoría simplemente por ser los más conocidos y de los que más información se dispone, pero ello no desmerece a otros como Salvador de El Puente, Agapito de Rábano, Manuel de San Juan de la Cuesta, Pincholo de Ribadelago, Toribio de Avedillo, Rey de Barrio de Rábano, o Manuel Prada de Santiago de la Requejada.

Juan Barrio, el Tí Gaiterín

JUAN BARRIO. EL TI GAITERÍN DE PEDRALBA

 

Juan Barrio, de Pedralba de la Pradería, es sin duda una figura casi mítica entre los gaiteros sanabreses. Grandísimo gaitero, fue el primero del que hay grabaciones registradas, algunas de ellas en discos de pizarra. Era considerado como el mejor gaitero sanabrés, por lo menos hasta la aparición de “Alvarico”. Sin embargo, su mayor fama actual le viene como constructor de gaitas, pues ha sido sin duda el mejor constructor de gaitas, consiguiendo un sonido característico. Hoy día, poseer (y tocar) una de las gaitas fabricadas por el “Gaitero Pedralba” es un tesoro de valor incalculable, siendo suyas casi todas las tocadas por algunos de los mejores gaiteros.

Sin embargo, tras su muerte se perdieron muchas técnicas y secretos referentes a la fabricación de gaitas. Por ejemplo, el quemado interior, pues se sospecha que muchos de los punteiros antiguos hechos por él están quemados por dentro, lo que le daría una mayor dureza. El hecho cierto es que el sonido de sus gaitas no ha podido ser imitado todavía.

Una vez, uno de los compradores no se mostraba conforme con la gaita, y se personó en el taller del Tío Juan a echarle en cara que la gaita era defectuosa. El Tío Juan cogió la gaita, la probó un poco tocando y se la devolvió diciéndole: “la gaita está perfectamente. Te vendí la gaita, pero los dedos para tocarla se quedaron aquí”, después de lo cual el comprador le tuvo que dar la razón y volverse a su casa con los humos bajados. Después de eso, el Tío Juan siempre hacía tocar un poco a los que le compraban una gaita, y les hacía la misma advertencia que a aquel hombre: “la gaita te la llevas, pero los dedos quedan aquí”.

 

Juan de Pedralba, el Ti Gaiterín, nos dejó un gran legado, que se resume en dos aspectos: las magníficas gaitas que hizo, que hoy día sirven como patrón para construir otras nuevas; y su versión de la jota del menudillo por el interpretada, uno de los primeros registros fonográficos de gaita sanabresa que se conservan.

Una de las gaitas de Juan de Pedralba

FÉLIX CARBAYO OTERO, GAITERO DE VEGA DEL CASTILLO

 

Cuenta la tradición que siempre ha habido buenos gaiteros en Vega del Castillo. Se recuerda a Juan Orduña, que en el entierro de su hijo tuvo una visión celestial y acabó acompañando con la gaita el funeral. También se recuerda a Vicente, hijo de Juan, y a Epifanio, nieto de Juan, como buenos gaiteros. Sin embargo, el gaitero que ha marcado buena parte de la reciente historia de Vega del Castillo ha sido Félix Carbayo. Nacido en Vega del Castillo en 1903, aunque falleció en Valencia, a una edad avanzada, Félix comenzó desde niño a ser un gran aficionado a la gaita, valiéndole esta afición numerosas reprimendas y azotainas, por descuidar los deberes y trabajos de la hacienda al escuchar un gaitero, o mientras se entretenía haciendo flautas de saúco. También destaca su labor como maestro del pueblo, alcalde y alcalde mayor de Espadañedo

A los 16 años, durante un baile de Reyes, que tocaba el tío Vicente (hijo del mencionado Juan Orduña), tiene la ocasión de probar una gaita por primera vez. En uno de los descansos del gaitero, Félix no puede evitar la tentación de probar el instrumento. Se la echó al hombro y empezó a maltocar la canción que mejor le salía con sus flautas de saúco: “La Revulera”.

Al día siguiente, varios mozos se plantan en la casa de Félix y le plantean a su madre un ultimátum: o le compra a su hijo Félix una gaita, o ya se la procurarían ellos, pero Félix tenía que tocar la gaita. La madre, Ángela, acepta con poco entusiasmo. Casualmente, estaba trabajando en esos días en Vega un carpintero de Justel, Casimiro, que tocaba y fabricaba gaitas, vendiéndoles una que tenái reservada para uno de Cubo, pero que no la había recogido. El precio fue de una cabrita.

Tras él, han continuado su afición sus tres hijos, Luís, Baltasar y César, así como otros paisanos, como Florentino y Eusebio Iglesias, Segundo Álvarez, Eulogio Simón, antiguos alumnos de Félix; haciendo sin duda de Vega del Castillo el pueblo más gaitero de toda Sanabria y Carballeda.

Casimiro le puso la gaita en funcionamiento, y Félix empezó a tocar. Enseguida se llenó la casa de chavales y demás concurrencia. Llegaron los mozos y le sacaron a tocar la ronda, llegando hasta la taberna para “inaugurar” la gaita. A partir de entonces a Félix se le consideró gaitero, y no se volvió a traer de fuera ningún otro.

Como no tenía quién le enseñara, procuraba copiar lo que escuchaba de otros gaiteros. Poco a poco se hizo con un repertorio de más de trescientas canciones.